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martes, 3 de marzo de 2009
3ra Evaluación
- Campañas.
- La resistencia de Madrid y la resistencia del Norte.
- Contraofensas republicanas.
- Retaguardia nacional y republicana.
- Batalla del Ebro y la ofensiva de Cataluña.
- Victoria y derrota.
lunes, 23 de febrero de 2009
El alzamiento nacional contra la tiranía, victorioso desde el 14 de abril, ha enarbolado una enseña investida por el sentir del pueblo con la doble representación de una esperanza de libertad y de su triunfo irrevocable. Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República.
En todos los edificios públicos ondea la bandera tricolor. La han saludado las fuerzas de mar y tierra de la República; ha recibido de ellas los honores pertenecientes al jirón de la Patria. Reconociéndola hoy el Gobierno, por modo oficial, como emblema de España, signo de la presencia del Estado y alegoría del Poder público, la bandera tricolor ya no denota la esperanza de un partido, sino el derecho instaurado para todos los ciudadanos, así como la República ha dejado de ser un programa, un propósito, una conjura contra el opresor, para convertirse en la institución jurídica fundamental de los españoles.
También la bandera, que significa paz, colaboración de los ciudadanos bajo el imperio de justas leyes. Significa más aún: el hecho, nuevo en la Historia de España, de que la acción del Estado no tenga otro móvil que el interés del país, ni otra norma que el respeto a la conciencia, a la libertad y al trabajo.
De la antigua bandera, se conservan dos colores, y añadiendo un tercero, el morado.
Decreto del 27 abril 1931
• Se adopta como bandera nacional para todos los fines oficiales de representación del Estado dentro y fuera del territorio español y en todos los servicios públicos, así civiles como militares, la bandera tricolor que se describe en el art. 2º de este Decreto.
• Tanto las banderas y estandartes de los Cuerpos como las de servicios en fortalezas y edificios militares, serán de la misma forma y dimensiones que las usadas hasta ahora como reglamentarias. Unas y otras estarán formadas por tres bandas horizontales de igual ancho, siendo roja la superior, amarilla la central y morada oscura la inferior. En el centro de la banda amarilla figurará el escudo de España, adoptándose por tal el que figura en el reverso de las monedas de cinco pesetas acuñadas por el Gobierno provisional en 1869 y 1870.
En las banderas y estandartes de los Cuerpos se pondrá una inscripción que corresponderá a la unidad, Regimiento o Batallón a que pertenezca, el Arma o Cuerpo, el nombre, si lo tuviera, y el número. Esta inscripción, bordada en letras negras de las dimensiones usuales, irá colocada en forma circular alrededor del escudo y distará de él la cuarta parte del ancho de las bandas de la bandera, situándose en la parte superior y en forma que el punto medio del arco se halle en la prolongación del diámetro vertical del escudo.
Las astas de las banderas serán de las mismas formas y dimensiones que las actuales, así como sus moharras y regatones, aunque sin otros emblemas o dibujos que los del Arma, Cuerpo o Instituto de la unidad que lo ostente, y el número de dicha unidad. En las banderas podrán ostentarse las corbatas ganadas por la unidad en acciones de guerra.
• Las Autoridades regionales dispondrán que sucesivamente sean depositadas en los Museos respectivos las banderas y estandartes que hasta ahora ostentaban los Cuerpos armados del Ejército y los Institutos de la Guardia Civil y Carabineros.
El transporte y entrega de dichos emblemas se hará con la corrección, seriedad y respeto que merecen, aunque sin formación de tropas, nombrándose por cada Cuerpo una Comisión que, ostentando su representación, realicen aquel acto, y formándose la Comisión receptora por el personal del Museo.
• Las escarapelas, emblemas y demás insignias y atributos militares que hoy ostentan los colores nacionales o el escudo de España, se modificarán para lo sucesivo, ajustándolas a cuanto se determina en el artículo 2º.
• Las banderas nacionales usadas en los buques de la Marina de guerra y edificios de la Armada, serán de la forma y dimensiones que se describen en el art. 2º.
Las banderas de los buques mercantes serán iguales a las descritas anteriormente, pero sin escudo.
Las banderas y estandartes de los Cuerpos de Infantería de Marina y Escuela Naval serán sustituidas por banderas análogas a las descritas para los Cuerpos del Ejército.
Las astas, moharras y regatones se ajustarán asimismo a lo que se dispone para las de los Cuerpos del Ejército.
• Las Autoridades departamentales y Escuadra dispondrán que sucesivamente sean depositadas en el Museo Naval las banderas de guerra regaladas a los buques y estandartes que hasta ahora ostentaban los Regimientos de Infantería de Marina y Escuela Naval.
El transporte y entrega de estas enseñas se hará con la corrección, seriedad y respeto que merecen, aunque sin formación de tropa, nombrándose por cada Departamento o buque una Comisión receptora por el personal del Museo.
• Las escarapelas, emblemas y demás insignias y atributos militares que hoy ostentan los colores nacionales o el escudo de España se modificarán para lo sucesivo, ajustándolas a cuanto se determina en el artículo 2º.
Antonio Machado en la República.
Antonio Machado escribió varias obras de teatro que tuvieron muchísimo éxito, como Las Adelfas o La Lola se va a los Puertos. Forma en el séquito intelectual de Ortega, que alcanzó su máxima influencia durante la Dictadura de Primo de Rivera. Gracias a ella Antonio llegó a académico de la Lengua en lugar de don Niceto Alcalá-Zamora, vetado por el dictador. Fue una candidatura muy radical: lo presentaron el director de la Academia de Artillería y el director del Seminario de Segovia, y en la docta casa lo apadrinó Azorín.
Primo de Rivera incluso presidió con su hijo José Antonio un banquete en homenaje a los Machado en 1929. sólo dos años después, con el mismo Ortega que saludó elogiosamente a la Dictadura bajo la Monarquía, Machado fundó la Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República, e incluso la proclamó en Segovia en 1931. Durante esos años republicanos cultivó unos amores platónicos y patéticos con Pilar Valderrama, a la que llamó Guiamar.
Guerra Civil Española.
El alzamiento y conquistas.
El alzamiento militar que daría paso a casi tres sangrientos años de guerra civil se inició de improviso en Melilla el 17 de julio de 1936 pero para que éste se produjera hizo falta la intervención de grupos de presión político-económicos y la ayuda del Ejército. En esta sección describiremos el alzamiento y como éste se convirtió, tras su fracaso, en un conflicto bélico de amplias proporciones para España.
El 17 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército se levantaron contra el gobierno de la República. Pronto se extendió a Tetuán y a Ceuta donde el coronel Juan Yagüe se apoderó de la ciudad sin disparar un solo tiro. Prácticamente todo el Marruecos español estaba en manos de los rebeldes antes de que Franco, procedente de las Canarias, se pusiera al mando de las tropas sublevadas. Al día siguiente, 18 de julio, el levantamiento se extendió a la Península.
Ese día los principales levantamientos tuvieron lugar en Andalucía con el apoyo de diversas formaciones militares y de la Guardia Civil. También Almería y Huelva fueron ganadas para la República, aunque ésta última había quedado totalmente aislada.
En Madrid el 18 de julio la sublevación aún no se había producido, Casares actuaba aún como si fuera posible detener el golpe por medios constitucionales pero los sindicatos y partidos de izquierda no dejaron de reclamarle ese día las armas que impedirían la intentona militar de la capital. El jefe de gobierno continuó negándose a darlas.
El 19 de julio Barcelona, que hasta entonces había permanecido tranquila, dio el relevo a Andalucía en cuanto a la gravedad de la situación. El general Fernández Burriel tomó el mando de la sublevación en la capital catalana a la espera de la llegada de su verdadero jefe, el general Manuel Goded. El plan era que 5.000 soldados sublevados convergieran hacia el centro de la ciudad. Pero los militares no tuvieron en cuenta la escasa respuesta que encontrarían por parte de la Guardia Civil y la de Asalto que ya habían sido convencidos por el comisario de Orden Público Federico Escofet de que apoyaran a la República. Además no habían contado con el entusiasmo del movimiento anarquista, los anarquistas salieron a combatir a los rebeldes y se encontraron luchando hombro con hombro junto a sus tradicionales enemigos, la Guardia Civil y de Asalto. Escofet, que había previsto con anticipación la táctica de los militares lanzó al ataque a sus fuerzas entablándose una auténtica batalla en el cruce Diagonal-Passeig de Gràcia.
Goded fue finalmente capturado y obligado a radiar un comunicado en el que pedía a sus partidarios que depusiesen las armas. La rendición de Goded dio nuevos ánimos a la resistencia republicana en el resto de España.
El nuevo jefe de gobierno, el republicano José Giral, que había accedido al cargo tras la dimisión de Casares Quiroga, accedió finalmente a repartir armas entre los partidos de izquierda y los sindicatos. Los izquierdistas recibieron 65.000 fusiles pero sólo 5.000 de ellos tenían cerrojo. Los restantes estaban en el Cuartel de la Montaña, en el centro de Madrid, pero cuando el gobierno trató de apoderarse de ellos el coronel al mando del cuartel se negó e inició el alzamiento en Madrid.
El general Joaquín Fanjul se puso al mando de las tropas sublevadas. En el interior, Fanjul, confiaba en que se recibiera ayuda del exterior pero realmente estaba aislado y era imposible que llegara ningún refuerzo. Finalmente el 20 de julio la fortaleza fue bombardeada y la multitud penetró violentamente en el patio del cuartel donde se produjo una espantosa carnicería. Murieron varios centenares de defensores y atacantes y los sublevados que se salvaron fueron enviados a la Cárcel Modelo, entre ellos estaba el general Fanjul, que sería poco después condenado y ejecutado por rebelión.
El golpe militar, que pretendía dominar todo el territorio español no alcanzó la rápida victoria esperada. Los sindicatos y partidos políticos de izquierda resistieron, el golpe se convirtió en una guerra civil y la resistencia en una revolución. También ese 20 de julio se produjo un acontecimiento importante. El general Sanjurjo, conspirador de 1932, que debía ponerse al frente de las tropas sublevadas murió en un accidente aéreo cuando partía de su exilio de Lisboa. La muerte de Sanjurjo dejó un peligroso vacío en la dirección militar de los rebeldes. Las personas más destacadas de dicha dirección pasaron a ser Mola, Franco y Queipo de Llano.
El 21 de julio se podía ya trazar una línea aproximada que dividía las zonas donde había triunfado la rebelión de aquellas donde había fracasado.
Manuel Goded.
Militar español. A los catorce años inició sus estudios militares en la Academia de Infantería. Su ascenso en el escalafón de mandos fue vertiginoso, llegó a Capitán de Estado Mayor en 1905, cuando contaba veinticuatro años. Su carrera militar se desarrolló en los destacamentos españoles de Marruecos, donde tomó parte en el desembarco de Alhucemas. Sus brillantes campañas en África le valieron el ascenso a General en 1926 y su nombramiento como Jefe del Estado Mayor del Ejército de África por el general Sanjurjo. Participó en las reuniones de Rabat con los representantes franceses para decidir el futuro de Abd-el-Krim.
Goded ofreció todo su apoyo al establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera. A pesar de esto, en los momentos críticos de la dictadura no tuvo reparos en intrigar contra el general al que había ayudado a encumbrar. Esta traición hizo que fuera sancionado y colocado en situación de disponible. La llegada de la República supuso un reconocimiento de los méritos y cualidades que Goded había atesorado durante su vida castrense. El presidente Azaña, a pesar de no estimarlo, lo nombró Jefe del Estado Mayor Central del Ejército.
Goded no duró mucho tiempo en este cargo, ya que fue relevado a consecuencia de sus enfrentamientos con el coronel republicano Mangada. Participó de forma decisiva en los sucesos de la llamada sanjurjada, por lo que de nuevo se le colocó en situación de disponible. En octubre de 1934, Goded, junto con el general Franco, fue requerido por el gobierno de Gil Robles para reprimir la revolución de Asturias.
Revolución en la zona republicana.
Tras el fracaso de la sublevación los aparatos del Estado quedaron dislocados y el poder del gobierno republicano fue meramente nominal. Esto hizo posible la aplicación, por parte de las izquierdas, de diversas medidas revolucionarias y represoras al amparo del vacío de poder. Por contra, en la zona dominada por los sublevados, la represión de dichas medidas y de aquellos que las seguían se convirtió en el objetivo prioritario. En esta sección describiremos los principales procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios acaecidos durante los primeros y desenfrenados días de la guerra civil.
La revolución se expandió en aquellos núcleos poblacionales donde el alzamiento había fracasado o no se había producido. En todos esos sitios se crearon comités de control formalmente constituidos por los partidarios del Frente Popular junto a los anarquistas.
En Madrid la dirección de este movimiento revolucionario recayó en la socialista UGT que trabajaba en relativa armonía con la anarquista CNT. Detrás de la UGT empezaba ya a dar muestras de un gran activismo político el PCE con un sistema propagandístico hábilmente elaborado. La división en el seno de PSOE les ayudó también a instalarse cada vez más en el seno de la sociedad republicana.
Todas las industrias del Madrid republicano fueron requisadas y puestas en manos de comités de trabajadores. Se estableció un nuevo sistema de reparto de alimentos pagados con vales emitidos por los comités. El dinero quedó abolido lo que conllevaría un cierto caos económico porque cada localidad tendía a emitir sus propios billetes locales aumentando en gran manera la masa monetaria en circulación.
La capital catalana parecía el sueño dorado de cualquier anarquista. Los anarquistas, a diferencia de lo que ocurría en Madrid, controlaban completamente Barcelona pero fieles a sus principios se negaban a monopolizar el poder. En vez de eso, accedieron de buena gana a compartirlo en toda Cataluña dentro del Comité de Milicias Antifascistas. Este comité fue el encargado de restablecer el orden público, organizar la producción y distribución de alimentos y al mismo tiempo de crear un ejército de milicias para defender la revolución.
Contrarrevolución en la zona nacional.
En las zonas de la llamada España nacional evidentemente el proceso era totalmente opuesto y lo primordial era reprimir la revolución mediante la contrarrevolución. Todos los partidos políticos que habían apoyado al Frente Popular quedaron prohibidos e incluso desaparecieron los partidos de derechas incluida la CEDA. Los únicos grupos políticos activos pasaron a ser la Falange y el Carlismo pero totalmente supeditados a la autoridad militar.
Los sublevados habían desarticulado con su rebelión el Estado republicano y creado dos Españas. Era evidente que en “su España” era necesaria la creación de un nuevo Estado. Por ello, pocos días después del alzamiento los militares constituyeron la Junta de Defensa Nacional, una especie de órgano provisional de gobierno.
La Junta era un órgano colegiado en el que los militares exponían y decidían la actuación a seguir durante las primeras operaciones de la guerra. Al mismo tiempo se ocupaba de la aplicación de medidas contrarrevolucionarias.
Pero la contrarrevolución también significaba venganza. Sus principales víctimas fueron todos aquellos representantes liberales o intelectuales de clase media y todos aquellos sectores sociales que de alguna u otra forma se habían resistido a la rebelión. Los gobernadores civiles o militares simpatizantes del Frente Popular fueron fusilados.
La represión fue un acto político dirigido por militares que, viendo fracasado el golpe, se dispusieron a tratar de invertir la situación creada por el estallido de la guerra civil. Su cabeza principal, el general Mola razonaba así su actuación: “es necesario crear una atmósfera de terror, tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”.
Los autores de estas atrocidades solían ser la mayoría miembros del Ejército y de la Guardia Civil.
Los fusilamientos eran presentados por los militares como un problema de sanidad pública, parte de un proceso de depuración que había de liberar a España de las influencias de masonería, marxismo o judaísmo.
Una de las muertes más famosas fue la del poeta Federico García Lorca. Lorca no tenían significación política alguna pero era de todos conocido su amplia relación con la izquierda literaria de España.
Bajo estas crueles condiciones la Falange se convertía en la última salvación para evitar la muerte. A la camisa azul de la Falange la llamaban “el salvavidas” porque bastaba llevarla puesta por la calle para evitar ser investigado y fusilado.
Sin embargo la Falange se encontraba desorganizada porque sus principales líderes políticos habían sido encarcelados o fusilados en la zona republicana.
Los nacionales encontraron un gran apoyo en la Iglesia española a excepción de la vasca. Pronto los sublevados encontraron un término adecuado a su relación con la Iglesia y la guerra civil. Identificaron la lucha armada con una “cruzada” salvadora de la fe y del espíritu de la España más tradicional y conservadora. La dirección principal de la Iglesia no tuvo ningún inconveniente en apoyar al nuevo estado oponiéndose a lo que consideraban una república anticlerical y laica.
Había eso sí eclesiásticos que se oponían a que los fusilamientos se realizaran bajo el nombre de Dios y en defensa de la religión.
La Iglesia tomó posiciones frente al bando republicano. Sólo el arzobispo de Tarragona, Vidal y Barraquer, y el obispo de Vitoria Mateo Múgica se mostraron contrarios a prestar su apoyo al alzamiento. Ambos tuvieron que salir de España para evitar ser detenidos. La nueva situación creada por el apoyo de la Iglesia al bando nacional hizo florecer un fervor religioso entre sus partidarios. Incluso miembros de la Falange que nunca habían mostrado signo de religiosidad alguna empezaron a ir a misa, a confesarse y a comulgar.
Los grupos sociales aludidos necesitaban la protección y el apoyo del nuevo estado frente a las conmociones revolucionarias. Se había establecido un vínculo estrecho entre militares, eclesiásticos, campesinos y burgueses. Los gobernadores militares locales tenían plenos poderes, la mayoría de los edificios públicos, locales y casas particulares de izquierdistas fueron requisados. Los salarios y los precios quedaron establecidos en los niveles de febrero de 1936 (más favorables a los patronos que los de julio). La contrarrevolución triunfaba en la zona nacional durante el primer año del “Movimiento”.
martes, 13 de enero de 2009
Segunda Evaluación.
Documentos.
Bandera tricolor.
Escritos de Antonio Machado.
Guerra Civil.
El alzamiento.
Manuel Goded.
Conquistas.
Personas destacadas.
Pervolución en la zona republicana.
Contrarevolucion en la zona nacional.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Fotos del trabajo.
Alejandro Lerroux: http://lurdesrc.files.wordpress.com/2007/06/301.jpg
Manuel Azaña: http://www.geocities.com/Athens/Crete/2408/Personajes/Personajesfotos/azana.jpg
Alfonso XIII: http://www.blasoneshispanos.com/OrdenesCaballeria/CuatroOrdEspa/AlfonsoXIII.gif
CEDA, campaña electoral: http://www.tallerediciones.com/cuza/images/contenidos/ceda.jpg
Santiago Casares Quiroga: http://www.fideus.com/casares-quiroga.jpg
1er trimestre.
Introducción.
La Segunda República, 1931-36, es un intento de solucionar los viejos problemas de España modernizándola y pretendiendo instalar en España un sistema democrático puro y estable. Se va a caracterizar por la inestabilidad, la radicalización, las divisiones internas y el desfavorable contexto internacional.
Las causas que motivaron la instauración del régimen republicano fueron:
-Agotamiento del sistema político de la Restauración.
-Incapacidad de la monarquía de asumir sus errores durante la Dictadura.
1.La proclamación de la Segunda República.
A partir de Abril de 1931 quedó claro que el descontento popular iba orientado hacia una respuesta antimonárquica y pro-republicana.
Apoyada por la monarquía, y tras un triste final...Cayó la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera (29 de Enero de 1930). Después, la II República Española llegó al poder en Abril de 1931.
2. Principales Integrantes.
Alejandro Lerroux: fundador del Partido Radical en 1908. Encarnaba la figura del republicanismo “histórico”.
Manuel Azaña, Marcelino y Álvaro Albornoz: Integrantes de la nueva izquierda republicana. Juntos representaban los elementos del radical-socialismo.
Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos: figuras principales socialistas.
Carrasco Formiguera, Matías Malliol y Jaume Aiguader: el catalanismo de izquierdas.
Casares Quiroga: a cargo de la ORGA, partido republicano gallego.
Niceto Alcalá Zamora o Miguel Maura: personajes del republicanismo moderado.
Fermín Galán y García Hernández: integrantes de la U.M.R., Unión Militar Republicana.
3. Exilio voluntario de Alfonso XIII.
Alfonso XIII nació el 17 de mayo de 1886 en el Palacio Real de Madrid. Como hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, su reinado empezó desde su nacimiento; por ello, su madre ejerció como regente hasta 1902. En 1906 se casó con Victoria Eugenia Julia Ena de Battenberg, con la que tuvo seis hijos: Alfonso, Jaime, Beatriz, Cristina, Juan, al que nombró sucesor de los derechos dinásticos, y Gonzalo.
El inicio del reinado coincidió con un cambio generacional en los los partidos dinásticos: el conservador Cánovas fue sustituido por Antonio Maura y el liberal Sagasta por José Canalejas.
La clase obrera lo consideraba el símbolo de la opresión, la clase media no le perdonaba los siete años de dictadura e incluso para la gente dirigente de la monarquía ya no representaba una solución de continuidad.
Alfonso XIII abandonaba palacio rumbo a un exilio voluntario. Antes de marcharse dejó a los españoles esta proclama:
"Las elecciones celebradas el domingo, me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo [...]. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fraticida guerra civil [...]. Espero conocer la auténtica y adecuada expresión de la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España, reconociéndola como única señora de sus destinos."
Alfonso XIII vivió en el exilio diez años, hasta su muerte en 1941, en Roma, donde vivió sus últimos años de vida.
4. Elecciones.
El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones con un índice de participación bastante alto que superaba el 70%.
A partir de estadísticas y de diálogos con líderes y militantes y con personas analfabetas que nunca habían sido tenidas en cuenta, se revisan varios aspectos de los comicios de la Segunda República. Se introducen variables como:
-La densidad del hábitat
-El analfabetismo.
Porque diseñan fronteras interiores y ofrecen una visión política y social inédita.
El sistema electoral otorgó un rotundo triunfo al Gobierno provisional formado tras las elecciones de abril y dio el siguiente resultado en escaños:
FORMACIONES CENTRO-IZQ. | ESC| FORMACIONES CENTRO-DER | ESC|
PSOE 117 - Partido radical 931
P.R. Radical-Socialista. 59 - Partidos Monárquicos. 36
Esquerra Catalana. 32 - P. Republicano conservador. 27
Acción republicana. 27 - Partido agrario. 26
ORGA (Nacionalistas gallegos) 16 - Vasconavarros. 14
Agrup. al servicio de la República. 14 - Lliga regionalista. 3
Federales. 14 - Otros partidos centro-der. 6
Las elecciones dieron la mayoría de los escaños a los socialistas y republicanos, los partidos que pertenecían a la izquierda y al centro. Manuel Azaña, fue elegido nuevo jefe de gobierno.
5. EL BIENIO PROGRESISTA.
Desde el 14 de abril de 1931 y se prolongó una vez derrotados sus defensores en la Guerra Civil, el 1 de abril de 1939. Durante estos ocho años, se sucedieron varios períodos de diferentes y un conflicto armado que enfrentó a los españoles y que sepultó para siempre la República.
La dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) precipitó el desprestigio del rey hasta el punto que la victoria republicana en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 le hizo exiliarse del país. Dos días después, se proclamaba la II República española.
De 1931 a 1933 se desarrolló lo que se ha venido en llamar el “Bienio Progresista” o “Izquierdista”. Niceto Alcalá Zamora asumió la presidencia de la República y Manuel Azaña, la del gobierno. Se iniciaba entonces un prolífico período de reformas a todos los niveles, que quedaron reflejadas en la Constitución de 1931. Algunos de los puntos más novedosos fueron el reconocimiento del voto femenino, los regionalismos o de la libertad de culto. Sus consecuencias no tardaron en aparecer.
Hubo un fuerte sentimiento anticlerical que reinaba en algunas capas de la sociedad española provocó una gran oleada de ataques físicos a la Iglesia, que se tradujeron en quemas de conventos y parroquias.
Otro punto importantes fue la reforma militar llevaba a cabo por Azaña. Por ejemplo: se instaba al retiro de los militares que no juraran fidelidad a la República, a la motorización de la caballería o al cierre de la Academia militar de Zaragoza. Muchos militares no estuvieron de acuerdo con estas medidas.
La reforma agraria fue el punto débil de la República. La intención primera fue la distribución de tierras y rentas entre los campesinos; para ello, se dictaron algunas expropiaciones a grandes terratenientes.
La cuestión de los nacionalismos sí supuso un triunfo para aquellas regiones ávidas de ello. Fue el caso de Cataluña. En 1932 se aprobó un Estatuto de Autonomía y se restauraba la Generalitat, abolida en 1714, y cuyo gobierno presidió Francesc Macià. Su ejemplo fue seguido por otras regiones, como el País Vasco, Galicia o Andalucía, con suerte dispar, ya que en el período republicano sólo sería la primera quien disfrutara de otro Estatuto.
La reacción de los conservadores a todos los cambios que realizó República no tardaron en llegar. En 1932, el general José Sanjurjo llevó a cabo un levantamiento en contra del sistema Republicano establecido, que fracasó y terminó con su condena al exilio en Portugal. Las nuevas elecciones generales, celebradas en noviembre de 1933, darían un giro total a la política. Los partidos de derechas se hicieron con la mayoría, lo que provocó un cambio total en su política. Se iniciaba así el “Período Conservador” o “Derechista”, que nos llevará hasta febrero de 1936.
6. El bienio conservador.
En la nueva convocatoria de elecciones en Noviembre de 1933, la derecha se preparaba para la toma del poder. En 1931 sus principales candidaturas habían sido barridas debido fundamentalmente a su falta de unidad en un sistema electoral que primaba las coaliciones. Ahora sus esperanzas se centraban en una nueva coalición, la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Se convirtió en el principal partido de las Cortes y Gil Robles en el ídolo de la España conservadora.
La aparición en dicha cámara de dos representantes falangistas y un comunista fue la primera advertencia de que la sociedad española estaba entrando en una espiral de radicalización. La República dio un giro a la derecha, el proceso de reformas quedó paralizado. La izquierda estaba alarmada, convencida que detrás de Gil Robles se escondía la amenaza del fascismo.
Los socialistas temían que se implantara una dictadura en España si la CEDA ocupaba el poder. Para calmarles, se formó un gobierno de centro dirigido por el jefe del Partido Radical, Alejandro Lerroux. Gil Robles y la CEDA lo apoyaban pero no entraron a formar parte del mismo, a pesar de que era el partido más votado.
La situación se volvió confusa ante las vacilaciones del presidente de la República en promulgar la ley que perdonaba a Sanjurjo y los conspiradores de 1932.
Lerroux dimitió, y le sustituyo Ricardo Samper, otro radical. Ante la debilidad del gobierno, el 4 de octubre Gil Robles retiró el apoyo de la CEDA a Samper, y después este dimitió.
Después Gil Robles exigió que tres de sus partidarios de la CEDA entraran como ministros. Este hecho fue suficiente para que los socialistas sigan creyendo que Gil Robles era “otro Mussolini”, y se terminaran levantándose contra el poder constitucional.
En la capital española, la UGT declaró huelga general y el presidente de la Generalitat Lluís Companys, en Barcelona, declaró el “Estado Catalán” juzgando erróneamente la situación. El movimiento revolucionario fracasó, pero con una excepción: Asturias. Todas las ciudades y pueblos de la cuenca minera quedaron sometidos a un comité revolucionario. El gobierno decidió a acabar con la rebelión, y llamó a la Península a las tropas coloniales, los moros y la Legión. Los generales Manuel Goded y Francisco Franco coordinaron la ofensiva desde Madrid.
La Legión y los moros consiguieron un éxito casi inmediato. Gijón cayó el 10 de octubre y en 15 días la rebelión se podía dar por sofocada. El líder socialista de la revolución Ramón González Peña renunció a seguir dirigiéndola, Belarmino Tomás, líder de los mineros, aceptó la derrota pero no renunció a comentar que el haber quedado la revolución reducida sólo al foco de Asturias había sido la clave del fracaso.
Casi 2.000 personas murieron en la revolución asturiana y miles de republicanos y socialistas en toda España fueron encarcelados. Durante los dos años siguientes el deseo de amnistía para sus compañeros encarcelados contribuyó a forjar la alianza de la izquierda.
Pero antes el gobierno debía quedar desprestigiado. El castigo a los rebeldes de 1934 suscitó las primeras divisiones en el seno del gobierno de centro-derecha. Gil Robles y la CEDA eran partidarios de la aplicación de varias penas de muerte. Alcalá Zamora les recordó las medidas de gracia impuestas a los conspiradores de 1932 y no las ejecutó por lo que los ministros de la CEDA retiraron el apoyo al gobierno radical de Lerroux aunque en marzo de 1935 se vio obligado a incluir cinco nuevos ministros de dicha formación y con Gil Robles al frente del Ministerio de la Guerra. Pero en octubre de 1935 el gabinete se hundió debido al escándalo del “estraperlo” en el que Lerroux quedó bastante mal parado. El Partido Radical se desmoronó y el 4 de enero de 1936 el presidente de la República tuvo que disolver por segunda vez las Cortes. Las nuevas elecciones quedaron fijadas para el 16 de febrero.
7. Triunfo del frente popular.
A finales de 1935 empezó a formarse una gran coalición de partidos de izquierdas que se preparaba para las elecciones de febrero de 1936 y que poco más tarde se conocería como Frente Popular. El pacto entre republicanos y socialistas pretendía un programa reformista pero desde la derecha, que se identificó como un pacto revolucionario. El llamado Frente Nacional o de Orden se creó para oponer sus intereses a los de las izquierdas en las elecciones más reñidas que hasta entonces había vivido España.
La larga campaña electoral entre el 4 de enero y el 16 de febrero de 1936 se prometía como una de las más duras de la historia de España. La unidad de las izquierdas quedó plasmada en el Frente Popular, la coalición izquierdista formada ante las elecciones de 1936 propuesta por el Partido Comunista. Además los anarquistas, apoyaron las candidaturas para la liberación de los presos políticos. Oponiéndose a ellos se formó el Frente Nacional o de Orden cuya cabeza más visible era la CEDA de Gil Robles que lanzó una agresiva campaña electoral presentándose como la última y única alternativa de defensa ante una inevitable revolución bolchevique. Este hecho, de relativa poca importancia, marcaría el desarrollo posterior de la guerra civil.
España acudió a las urnas el 16 de febrero. Los resultados, dados a conocer el 20 de febrero, fueron los siguientes:
Electores..................13.553.710
Votantes.....................9.683.335 (71,4%)
Frente Popular............4.654.116 (34,3%)
Frente Nacional..........4.503.505 (33,2%)
Centro y vascos.............525.714 (5,4%)
Vistos los resultados el Frente Popular obtuvo una ajustada victoria. El entusiasmo de sus partidarios fue ilimitado. Una gran multitud se dirigió al Ministerio de la Gobernación en Madrid con una única palabra: ¡Amnistía!.
Un partido por encima de todos había experimentado un mayor crecimiento tras conocerse los resultados de las elecciones. Era el PCE (Partido Comunista de España).Este partido nació tras una escisión del PSOE en 1920. Al proclamarse la República contaba con alrededor de 3.000 militantes. En 1933 obtuvo su primer representante en Cortes y tras las elecciones de febrero de 1936 obtuvo 14 diputados. En Oviedo, una de sus principales dirigentes, Dolores Ubárruri “La Pasionaria” abrió las cárceles donde se alojaban gran parte de los revolucionarios de 1934.
Las huelgas y las invasiones de tierra aumentaron, los conflictos sociales y laborales amenazaban más que nunca el orden constitucional. Desde la derecha Gil Robles había caído en desgracia, las esperanzas de la España conservadora se centraban ahora en un nuevo y carismático líder, José Calvo Sotelo. Unos 15.000 militantes de las juventudes de la CEDA abandonaron el partido y se unieron a un movimiento más combativo, la Falange, que ya había sido fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933.
En 1934, junto a Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, fundadores de las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas) había negociado su fusión con la Falange. En marzo de 1936, ante la creciente espiral de violencia impulsada por la Falange, José Antonio, privado de inmunidad parlamentaria, fue detenido y las oficinas de Falange clausuradas. Aún así la violencia callejera y los crímenes políticos siguieron en aumento tanto por parte de la izquierda como de la derecha.
En la ciudad los puños y las pistolas habían reemplazado al debate político, en el campo la violencia se había convertido en el último recurso para escapar de la pobreza. Los terratenientes ya no temían sólo por sus posesiones sino por sus vidas. El feudo carlista de campesinos profundamente conservadores estaban dispuestos a defender Dios, Patria y Rey hasta la muerte. Se habían rebelado contra la anarquía liberal en el siglo XIX, ahora se disponían a enfrentarse a una República que consideraban roja y atea.
El gobierno había sido advertido de las conspiraciones militares, y decidió enviar a los generales más derechistas lejos de la Península. El general Franco fue enviado a las islas Canarias, el general Mola fue únicamente trasladado a Pamplona donde se convirtió en el “Director”, el cerebro del complot.
A principios de abril se originó una polémica sobre la presidencia de la República. La Constitución establecía la posibilidad de deponer a su presidente (Alcalá Zamora) dado que había disuelto las Cortes en dos ocasiones. Dimitido éste, Manuel Azaña fue el único candidato a ocupar su puesto. Después, la jefatura del gobierno pasó a Santiago Casares Quiroga. El 1 de mayo de 1936 se celebraron en España los tradicionales desfiles de la fiesta de los trabajadores. Las manifestaciones sindicales tenían por objeto demostrar a los enemigos de la República el poder de la izquierda. Durante esa jornada, los discursos inflamados del líder socialista Francisco Largo Caballero contribuyeron a la radicalización de las masas.
En Mayo, los anarquistas celebraron su congreso anual en Zaragoza. Exigió esfuerzos para acabar con la división interna y para concertar una alianza con la UGT pero a nadie se le ocurrió preparar la actuación ante el creciente peligro de un golpe de estado que sobrevolaba el país. No hubo pues ningún acuerdo sobre el futuro armamento de las milicias o sobre la organización de un ejército revolucionario.
8. Himnos republicanos.
El Himno de Riego ha sido en la historia española, el primer himno nacional. Su letra es obra del destacado escritor y político asturiano Evaristo San Miguel. Esa letra vino recogida en el folleto que «el ciudadano Mariano Cabreriza dedica al ciudadano Riego y a los valientes que han seguido sus huellas», folleto que recopilaba canciones patrióticas del Trienio Constitucional 1820-23.
Es dudoso el nombre del compositor de la música. En la Historia de la Revolución española desde la Guerra de la Independencia hasta la Revolución de Sagunto, Vicente Blasco Ibáñez atribuye la composición del Himno al maestro Gomis.
Sea como sea, no aparecen menciones del compositor en el Decreto aprobado por las Cortes el 7 de mayo de 1822, que dice: Se tendrá por Marcha Nacional de Ordenanza la música militar del Himno de Riego, que entonaba la columna volante del Ejército de San Fernando.
