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martes, 3 de marzo de 2009
3ra Evaluación
- Campañas.
- La resistencia de Madrid y la resistencia del Norte.
- Contraofensas republicanas.
- Retaguardia nacional y republicana.
- Batalla del Ebro y la ofensiva de Cataluña.
- Victoria y derrota.
lunes, 23 de febrero de 2009
El alzamiento nacional contra la tiranía, victorioso desde el 14 de abril, ha enarbolado una enseña investida por el sentir del pueblo con la doble representación de una esperanza de libertad y de su triunfo irrevocable. Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República.
En todos los edificios públicos ondea la bandera tricolor. La han saludado las fuerzas de mar y tierra de la República; ha recibido de ellas los honores pertenecientes al jirón de la Patria. Reconociéndola hoy el Gobierno, por modo oficial, como emblema de España, signo de la presencia del Estado y alegoría del Poder público, la bandera tricolor ya no denota la esperanza de un partido, sino el derecho instaurado para todos los ciudadanos, así como la República ha dejado de ser un programa, un propósito, una conjura contra el opresor, para convertirse en la institución jurídica fundamental de los españoles.
También la bandera, que significa paz, colaboración de los ciudadanos bajo el imperio de justas leyes. Significa más aún: el hecho, nuevo en la Historia de España, de que la acción del Estado no tenga otro móvil que el interés del país, ni otra norma que el respeto a la conciencia, a la libertad y al trabajo.
De la antigua bandera, se conservan dos colores, y añadiendo un tercero, el morado.
Decreto del 27 abril 1931
• Se adopta como bandera nacional para todos los fines oficiales de representación del Estado dentro y fuera del territorio español y en todos los servicios públicos, así civiles como militares, la bandera tricolor que se describe en el art. 2º de este Decreto.
• Tanto las banderas y estandartes de los Cuerpos como las de servicios en fortalezas y edificios militares, serán de la misma forma y dimensiones que las usadas hasta ahora como reglamentarias. Unas y otras estarán formadas por tres bandas horizontales de igual ancho, siendo roja la superior, amarilla la central y morada oscura la inferior. En el centro de la banda amarilla figurará el escudo de España, adoptándose por tal el que figura en el reverso de las monedas de cinco pesetas acuñadas por el Gobierno provisional en 1869 y 1870.
En las banderas y estandartes de los Cuerpos se pondrá una inscripción que corresponderá a la unidad, Regimiento o Batallón a que pertenezca, el Arma o Cuerpo, el nombre, si lo tuviera, y el número. Esta inscripción, bordada en letras negras de las dimensiones usuales, irá colocada en forma circular alrededor del escudo y distará de él la cuarta parte del ancho de las bandas de la bandera, situándose en la parte superior y en forma que el punto medio del arco se halle en la prolongación del diámetro vertical del escudo.
Las astas de las banderas serán de las mismas formas y dimensiones que las actuales, así como sus moharras y regatones, aunque sin otros emblemas o dibujos que los del Arma, Cuerpo o Instituto de la unidad que lo ostente, y el número de dicha unidad. En las banderas podrán ostentarse las corbatas ganadas por la unidad en acciones de guerra.
• Las Autoridades regionales dispondrán que sucesivamente sean depositadas en los Museos respectivos las banderas y estandartes que hasta ahora ostentaban los Cuerpos armados del Ejército y los Institutos de la Guardia Civil y Carabineros.
El transporte y entrega de dichos emblemas se hará con la corrección, seriedad y respeto que merecen, aunque sin formación de tropas, nombrándose por cada Cuerpo una Comisión que, ostentando su representación, realicen aquel acto, y formándose la Comisión receptora por el personal del Museo.
• Las escarapelas, emblemas y demás insignias y atributos militares que hoy ostentan los colores nacionales o el escudo de España, se modificarán para lo sucesivo, ajustándolas a cuanto se determina en el artículo 2º.
• Las banderas nacionales usadas en los buques de la Marina de guerra y edificios de la Armada, serán de la forma y dimensiones que se describen en el art. 2º.
Las banderas de los buques mercantes serán iguales a las descritas anteriormente, pero sin escudo.
Las banderas y estandartes de los Cuerpos de Infantería de Marina y Escuela Naval serán sustituidas por banderas análogas a las descritas para los Cuerpos del Ejército.
Las astas, moharras y regatones se ajustarán asimismo a lo que se dispone para las de los Cuerpos del Ejército.
• Las Autoridades departamentales y Escuadra dispondrán que sucesivamente sean depositadas en el Museo Naval las banderas de guerra regaladas a los buques y estandartes que hasta ahora ostentaban los Regimientos de Infantería de Marina y Escuela Naval.
El transporte y entrega de estas enseñas se hará con la corrección, seriedad y respeto que merecen, aunque sin formación de tropa, nombrándose por cada Departamento o buque una Comisión receptora por el personal del Museo.
• Las escarapelas, emblemas y demás insignias y atributos militares que hoy ostentan los colores nacionales o el escudo de España se modificarán para lo sucesivo, ajustándolas a cuanto se determina en el artículo 2º.
Antonio Machado en la República.
Antonio Machado escribió varias obras de teatro que tuvieron muchísimo éxito, como Las Adelfas o La Lola se va a los Puertos. Forma en el séquito intelectual de Ortega, que alcanzó su máxima influencia durante la Dictadura de Primo de Rivera. Gracias a ella Antonio llegó a académico de la Lengua en lugar de don Niceto Alcalá-Zamora, vetado por el dictador. Fue una candidatura muy radical: lo presentaron el director de la Academia de Artillería y el director del Seminario de Segovia, y en la docta casa lo apadrinó Azorín.
Primo de Rivera incluso presidió con su hijo José Antonio un banquete en homenaje a los Machado en 1929. sólo dos años después, con el mismo Ortega que saludó elogiosamente a la Dictadura bajo la Monarquía, Machado fundó la Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República, e incluso la proclamó en Segovia en 1931. Durante esos años republicanos cultivó unos amores platónicos y patéticos con Pilar Valderrama, a la que llamó Guiamar.
Guerra Civil Española.
El alzamiento y conquistas.
El alzamiento militar que daría paso a casi tres sangrientos años de guerra civil se inició de improviso en Melilla el 17 de julio de 1936 pero para que éste se produjera hizo falta la intervención de grupos de presión político-económicos y la ayuda del Ejército. En esta sección describiremos el alzamiento y como éste se convirtió, tras su fracaso, en un conflicto bélico de amplias proporciones para España.
El 17 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército se levantaron contra el gobierno de la República. Pronto se extendió a Tetuán y a Ceuta donde el coronel Juan Yagüe se apoderó de la ciudad sin disparar un solo tiro. Prácticamente todo el Marruecos español estaba en manos de los rebeldes antes de que Franco, procedente de las Canarias, se pusiera al mando de las tropas sublevadas. Al día siguiente, 18 de julio, el levantamiento se extendió a la Península.
Ese día los principales levantamientos tuvieron lugar en Andalucía con el apoyo de diversas formaciones militares y de la Guardia Civil. También Almería y Huelva fueron ganadas para la República, aunque ésta última había quedado totalmente aislada.
En Madrid el 18 de julio la sublevación aún no se había producido, Casares actuaba aún como si fuera posible detener el golpe por medios constitucionales pero los sindicatos y partidos de izquierda no dejaron de reclamarle ese día las armas que impedirían la intentona militar de la capital. El jefe de gobierno continuó negándose a darlas.
El 19 de julio Barcelona, que hasta entonces había permanecido tranquila, dio el relevo a Andalucía en cuanto a la gravedad de la situación. El general Fernández Burriel tomó el mando de la sublevación en la capital catalana a la espera de la llegada de su verdadero jefe, el general Manuel Goded. El plan era que 5.000 soldados sublevados convergieran hacia el centro de la ciudad. Pero los militares no tuvieron en cuenta la escasa respuesta que encontrarían por parte de la Guardia Civil y la de Asalto que ya habían sido convencidos por el comisario de Orden Público Federico Escofet de que apoyaran a la República. Además no habían contado con el entusiasmo del movimiento anarquista, los anarquistas salieron a combatir a los rebeldes y se encontraron luchando hombro con hombro junto a sus tradicionales enemigos, la Guardia Civil y de Asalto. Escofet, que había previsto con anticipación la táctica de los militares lanzó al ataque a sus fuerzas entablándose una auténtica batalla en el cruce Diagonal-Passeig de Gràcia.
Goded fue finalmente capturado y obligado a radiar un comunicado en el que pedía a sus partidarios que depusiesen las armas. La rendición de Goded dio nuevos ánimos a la resistencia republicana en el resto de España.
El nuevo jefe de gobierno, el republicano José Giral, que había accedido al cargo tras la dimisión de Casares Quiroga, accedió finalmente a repartir armas entre los partidos de izquierda y los sindicatos. Los izquierdistas recibieron 65.000 fusiles pero sólo 5.000 de ellos tenían cerrojo. Los restantes estaban en el Cuartel de la Montaña, en el centro de Madrid, pero cuando el gobierno trató de apoderarse de ellos el coronel al mando del cuartel se negó e inició el alzamiento en Madrid.
El general Joaquín Fanjul se puso al mando de las tropas sublevadas. En el interior, Fanjul, confiaba en que se recibiera ayuda del exterior pero realmente estaba aislado y era imposible que llegara ningún refuerzo. Finalmente el 20 de julio la fortaleza fue bombardeada y la multitud penetró violentamente en el patio del cuartel donde se produjo una espantosa carnicería. Murieron varios centenares de defensores y atacantes y los sublevados que se salvaron fueron enviados a la Cárcel Modelo, entre ellos estaba el general Fanjul, que sería poco después condenado y ejecutado por rebelión.
El golpe militar, que pretendía dominar todo el territorio español no alcanzó la rápida victoria esperada. Los sindicatos y partidos políticos de izquierda resistieron, el golpe se convirtió en una guerra civil y la resistencia en una revolución. También ese 20 de julio se produjo un acontecimiento importante. El general Sanjurjo, conspirador de 1932, que debía ponerse al frente de las tropas sublevadas murió en un accidente aéreo cuando partía de su exilio de Lisboa. La muerte de Sanjurjo dejó un peligroso vacío en la dirección militar de los rebeldes. Las personas más destacadas de dicha dirección pasaron a ser Mola, Franco y Queipo de Llano.
El 21 de julio se podía ya trazar una línea aproximada que dividía las zonas donde había triunfado la rebelión de aquellas donde había fracasado.
Manuel Goded.
Militar español. A los catorce años inició sus estudios militares en la Academia de Infantería. Su ascenso en el escalafón de mandos fue vertiginoso, llegó a Capitán de Estado Mayor en 1905, cuando contaba veinticuatro años. Su carrera militar se desarrolló en los destacamentos españoles de Marruecos, donde tomó parte en el desembarco de Alhucemas. Sus brillantes campañas en África le valieron el ascenso a General en 1926 y su nombramiento como Jefe del Estado Mayor del Ejército de África por el general Sanjurjo. Participó en las reuniones de Rabat con los representantes franceses para decidir el futuro de Abd-el-Krim.
Goded ofreció todo su apoyo al establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera. A pesar de esto, en los momentos críticos de la dictadura no tuvo reparos en intrigar contra el general al que había ayudado a encumbrar. Esta traición hizo que fuera sancionado y colocado en situación de disponible. La llegada de la República supuso un reconocimiento de los méritos y cualidades que Goded había atesorado durante su vida castrense. El presidente Azaña, a pesar de no estimarlo, lo nombró Jefe del Estado Mayor Central del Ejército.
Goded no duró mucho tiempo en este cargo, ya que fue relevado a consecuencia de sus enfrentamientos con el coronel republicano Mangada. Participó de forma decisiva en los sucesos de la llamada sanjurjada, por lo que de nuevo se le colocó en situación de disponible. En octubre de 1934, Goded, junto con el general Franco, fue requerido por el gobierno de Gil Robles para reprimir la revolución de Asturias.
Revolución en la zona republicana.
Tras el fracaso de la sublevación los aparatos del Estado quedaron dislocados y el poder del gobierno republicano fue meramente nominal. Esto hizo posible la aplicación, por parte de las izquierdas, de diversas medidas revolucionarias y represoras al amparo del vacío de poder. Por contra, en la zona dominada por los sublevados, la represión de dichas medidas y de aquellos que las seguían se convirtió en el objetivo prioritario. En esta sección describiremos los principales procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios acaecidos durante los primeros y desenfrenados días de la guerra civil.
La revolución se expandió en aquellos núcleos poblacionales donde el alzamiento había fracasado o no se había producido. En todos esos sitios se crearon comités de control formalmente constituidos por los partidarios del Frente Popular junto a los anarquistas.
En Madrid la dirección de este movimiento revolucionario recayó en la socialista UGT que trabajaba en relativa armonía con la anarquista CNT. Detrás de la UGT empezaba ya a dar muestras de un gran activismo político el PCE con un sistema propagandístico hábilmente elaborado. La división en el seno de PSOE les ayudó también a instalarse cada vez más en el seno de la sociedad republicana.
Todas las industrias del Madrid republicano fueron requisadas y puestas en manos de comités de trabajadores. Se estableció un nuevo sistema de reparto de alimentos pagados con vales emitidos por los comités. El dinero quedó abolido lo que conllevaría un cierto caos económico porque cada localidad tendía a emitir sus propios billetes locales aumentando en gran manera la masa monetaria en circulación.
La capital catalana parecía el sueño dorado de cualquier anarquista. Los anarquistas, a diferencia de lo que ocurría en Madrid, controlaban completamente Barcelona pero fieles a sus principios se negaban a monopolizar el poder. En vez de eso, accedieron de buena gana a compartirlo en toda Cataluña dentro del Comité de Milicias Antifascistas. Este comité fue el encargado de restablecer el orden público, organizar la producción y distribución de alimentos y al mismo tiempo de crear un ejército de milicias para defender la revolución.
Contrarrevolución en la zona nacional.
En las zonas de la llamada España nacional evidentemente el proceso era totalmente opuesto y lo primordial era reprimir la revolución mediante la contrarrevolución. Todos los partidos políticos que habían apoyado al Frente Popular quedaron prohibidos e incluso desaparecieron los partidos de derechas incluida la CEDA. Los únicos grupos políticos activos pasaron a ser la Falange y el Carlismo pero totalmente supeditados a la autoridad militar.
Los sublevados habían desarticulado con su rebelión el Estado republicano y creado dos Españas. Era evidente que en “su España” era necesaria la creación de un nuevo Estado. Por ello, pocos días después del alzamiento los militares constituyeron la Junta de Defensa Nacional, una especie de órgano provisional de gobierno.
La Junta era un órgano colegiado en el que los militares exponían y decidían la actuación a seguir durante las primeras operaciones de la guerra. Al mismo tiempo se ocupaba de la aplicación de medidas contrarrevolucionarias.
Pero la contrarrevolución también significaba venganza. Sus principales víctimas fueron todos aquellos representantes liberales o intelectuales de clase media y todos aquellos sectores sociales que de alguna u otra forma se habían resistido a la rebelión. Los gobernadores civiles o militares simpatizantes del Frente Popular fueron fusilados.
La represión fue un acto político dirigido por militares que, viendo fracasado el golpe, se dispusieron a tratar de invertir la situación creada por el estallido de la guerra civil. Su cabeza principal, el general Mola razonaba así su actuación: “es necesario crear una atmósfera de terror, tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”.
Los autores de estas atrocidades solían ser la mayoría miembros del Ejército y de la Guardia Civil.
Los fusilamientos eran presentados por los militares como un problema de sanidad pública, parte de un proceso de depuración que había de liberar a España de las influencias de masonería, marxismo o judaísmo.
Una de las muertes más famosas fue la del poeta Federico García Lorca. Lorca no tenían significación política alguna pero era de todos conocido su amplia relación con la izquierda literaria de España.
Bajo estas crueles condiciones la Falange se convertía en la última salvación para evitar la muerte. A la camisa azul de la Falange la llamaban “el salvavidas” porque bastaba llevarla puesta por la calle para evitar ser investigado y fusilado.
Sin embargo la Falange se encontraba desorganizada porque sus principales líderes políticos habían sido encarcelados o fusilados en la zona republicana.
Los nacionales encontraron un gran apoyo en la Iglesia española a excepción de la vasca. Pronto los sublevados encontraron un término adecuado a su relación con la Iglesia y la guerra civil. Identificaron la lucha armada con una “cruzada” salvadora de la fe y del espíritu de la España más tradicional y conservadora. La dirección principal de la Iglesia no tuvo ningún inconveniente en apoyar al nuevo estado oponiéndose a lo que consideraban una república anticlerical y laica.
Había eso sí eclesiásticos que se oponían a que los fusilamientos se realizaran bajo el nombre de Dios y en defensa de la religión.
La Iglesia tomó posiciones frente al bando republicano. Sólo el arzobispo de Tarragona, Vidal y Barraquer, y el obispo de Vitoria Mateo Múgica se mostraron contrarios a prestar su apoyo al alzamiento. Ambos tuvieron que salir de España para evitar ser detenidos. La nueva situación creada por el apoyo de la Iglesia al bando nacional hizo florecer un fervor religioso entre sus partidarios. Incluso miembros de la Falange que nunca habían mostrado signo de religiosidad alguna empezaron a ir a misa, a confesarse y a comulgar.
Los grupos sociales aludidos necesitaban la protección y el apoyo del nuevo estado frente a las conmociones revolucionarias. Se había establecido un vínculo estrecho entre militares, eclesiásticos, campesinos y burgueses. Los gobernadores militares locales tenían plenos poderes, la mayoría de los edificios públicos, locales y casas particulares de izquierdistas fueron requisados. Los salarios y los precios quedaron establecidos en los niveles de febrero de 1936 (más favorables a los patronos que los de julio). La contrarrevolución triunfaba en la zona nacional durante el primer año del “Movimiento”.
martes, 13 de enero de 2009
Segunda Evaluación.
Documentos.
Bandera tricolor.
Escritos de Antonio Machado.
Guerra Civil.
El alzamiento.
Manuel Goded.
Conquistas.
Personas destacadas.
Pervolución en la zona republicana.
Contrarevolucion en la zona nacional.
